Asclepigenia fue maestra de teurgia en Atenas en el siglo V. Su padre le enseñó los secretos de los Oráculos Caldeos y ella los transmitió — entre otros — a Proclo, que después dirigió la escuela platónica por décadas. Algunos investigadores piensan que también enseñó a Hipatia cuando estudió en Atenas. Ese detalle me interesó mucho: dos de las mujeres más inteligentes del mundo antiguo, en la misma academia, en el mismo siglo. La imagen que armé para ella tiene esa sensación — de alguien que sabe más de lo que muestra, que sostiene sin esfuerzo cosas que otros no pueden ni nombrar. La llave, el pavo real, el cristal que concentra la luz. El cangrejo abajo, en el umbral entre lo visible y lo que está debajo.
Lo que me parece más extraño y hermoso de la amistad entre Leonora y Remedios es que no funcionaba como influencia, ese modelo de transmisión lineal donde A pasa algo a B. Funcionaba más como una resonancia de cuerpos paralelos: dos personas que ya traían mundos formados, ya habían atravesado el surrealismo europeo, ya cargaban sus propios sistemas simbólicos, y que al encontrarse en Ciudad de México no se fusionaron sino que se amplificaron mutuamente. Como dos diapasones que al vibrar juntos producen algo que ninguna generaría sola. Este collage es mi tributo a estas dos artistas que admiro mucho y que han sido un referente para mí, por su obra, por sus vidas, por su capacidad de sobrevivir a la adversidad y aun así seguir abriendo mundos mágicos.
El memento mori es uno de los temas más persistentes de la pintura occidental. San Jerónimo escribe con un cráneo al lado — la muerte como compañera de trabajo, no como amenaza. Lo que me resulta revelador es que ese gesto, cuatro siglos después, sigue siendo completamente vigente. Porque en el fondo la pregunta no ha cambiado: frente a la muerte lo que importa es como hemos vivido y de ahí que "la cosa piu importante è l'amore"