Mi práctica artística explora el cruce entre lo visible y lo simbólico, entre la memoria de las imágenes y su capacidad de transformación. Me interesa ese espacio intermedio donde lo histórico, lo mítico y lo íntimo se superponen, generando nuevas narrativas visuales.
En mi obra aparecen figuras anónimas, paisajes suspendidos y símbolos que remiten a arquetipos, ciclos naturales y procesos de transmutación. No busco ilustrar ideas, sino abrir preguntas: permitir que la imagen funcione como un umbral, más que como una respuesta.
El collage es el territorio donde esa búsqueda toma forma. A través del recorte, el ensamblaje y el desplazamiento de imágenes —tanto materiales físicos como archivos digitales— el collage se convierte en obra en sí misma: un lenguaje capaz de reactivar imágenes fuera de su contexto original y devolverles una nueva potencia simbólica.